15 oct 2018

Limon chupao

Madrid es muy entretenido, cómo Santiago pero sin el smog, y mucho menos prejuicios en cuanto a clases sociales.hay muchos bares y la vida nocturna es hasta muy muy tarde. Mucho más que en Santiago. La gente habla más fuerte en general, pero no hay violencia. Sabe conversar y jugar en ese espacio entre la rudeza y la amistad, en que no sé hieren sentimientos.
Todo esto visto desde el punto de vista de una persona en vacaciones. Probablemente, al vivir ahí por más tiempo uno tendría un desgaste emocional. Empezar a poner atención en las imperfecciones y, más que nada tener problemas con temas personales. Una vez que la ciudad no sea nueva y ya no nos distraiga de los problemas inevitables de cualquier persona.

Ella iba a mudarse a Madrid, ciudad que amaba, con su amor de toda la vida. La ciudad era algo maravilloso y ella la conocía por haber trabajado ahí un tiempo y por múltiples vacaciones. Típicas de los ingleses que escapan de la frialdad y eficiencia de la vida en Inglaterra.

Todo era felicidad

Luego vino la rutina, y aún todo era felicidad. Una felicidad más consciente de personas que saben que la efervescencia inicial de las cosas pasa rápido.

Luego inevitablemente vinieron conflictos. Algunos de ellos gatillados por el miedo. El miedo a perder buenos momento con otras personas. El miedo a la vejez y al no haber hecho muchas cosas que con la vida en pareja son más difíciles o imposibles. Otros conflictos eran gatillados por la ausencia de miedo, y el dejarse estar. No cuidar las cosas porque ya no parece necesario 

En medio de este proceso decidieron ir a tomar un café con tostas. Un día de primavera. Luego irían al Yakuza a comer sushi pizza venezolano. 

A Kakamoto limonchupao no le gustó que hubiera un local cualquiera con el nombre del grupo mafioso tan temido. Así, cuando ella salía del local con su amado, todos los desafortunados comedores de sushi de ese día recibieron múltiples impactos de metralla.

SuperCool

Ellos eran los más rápidos de todo el reino unido. Tipeando en teclados especiales habían logrado velocidades de hasta 150 palabras por minuto. Cómo referencia, un escritor profesional tipea a 40 palabras por minuto. 
También habían estudiado matemática pura y economía en Cambridge y Oxford, y se habían especializado técnicas modernas de programación, cómo TDD, agile, docker containers. Usando NVIM y tmux potenciados para minimizar aún más el tiempo que toma escribir lo que se está pensando.

José en cambio, obtuvo el trabajo porque ganó una competencia de programación ayudado por la suerte y habiendo estudiado una carrera técnica en Inacap. Que sólo era un centro de formación técnica en Santiago de Chile. Lejos de toda la exigencia de las universidades top. Había aprendido programación un poco por el trabajo y otro poco por aburrimiento a través de cursos gratis en Internet. 

Ellos estaban muy decepcionados cuando José llegó a trabajar y sólo podía tapear a 10 palabras por minuto y sin ninguna disciplina en los dedos. Tampoco sabia nada de TDD, docker containers, y muchas de las herramientas computacionales usadas.

José temió por su estabilidad financiera, ya que llegó a Inglaterra con sus dos hijos. A partir de entonces tuvo que hacer un lulo con su ego y meterselo por el culo. Cada día practicaba tipeo en su notebook y estudiaba apurado las diferentes herramientas. 

Increíblemente, José logro mejorar el rendimiento de la empresa en sólo 2 meses.  Impulsado por el terror del fracaso, el fantasma de la pobreza, y también por el orgullo (mal que mal se había ido como un héroe de Santiago a trabajar con una de las más exigentes empresas del mundo)

En 6 meses más volvió a mejorar los modelos de la empresa, y se ganó la envidia de algunos y también la satisfacción de haberles pateado el arrogante culo.

Un día de primavera, cuando José terminaba de comer su sushi pizza no sabía que la luz de esa clara tarde, había sido la luz de su último día