Madrid es muy entretenido, cómo Santiago pero sin el smog, y mucho menos prejuicios en cuanto a clases sociales.hay muchos bares y la vida nocturna es hasta muy muy tarde. Mucho más que en Santiago. La gente habla más fuerte en general, pero no hay violencia. Sabe conversar y jugar en ese espacio entre la rudeza y la amistad, en que no sé hieren sentimientos.
Todo esto visto desde el punto de vista de una persona en vacaciones. Probablemente, al vivir ahí por más tiempo uno tendría un desgaste emocional. Empezar a poner atención en las imperfecciones y, más que nada tener problemas con temas personales. Una vez que la ciudad no sea nueva y ya no nos distraiga de los problemas inevitables de cualquier persona.
Ella iba a mudarse a Madrid, ciudad que amaba, con su amor de toda la vida. La ciudad era algo maravilloso y ella la conocía por haber trabajado ahí un tiempo y por múltiples vacaciones. Típicas de los ingleses que escapan de la frialdad y eficiencia de la vida en Inglaterra.
Todo era felicidad
Luego vino la rutina, y aún todo era felicidad. Una felicidad más consciente de personas que saben que la efervescencia inicial de las cosas pasa rápido.
Luego inevitablemente vinieron conflictos. Algunos de ellos gatillados por el miedo. El miedo a perder buenos momento con otras personas. El miedo a la vejez y al no haber hecho muchas cosas que con la vida en pareja son más difíciles o imposibles. Otros conflictos eran gatillados por la ausencia de miedo, y el dejarse estar. No cuidar las cosas porque ya no parece necesario
En medio de este proceso decidieron ir a tomar un café con tostas. Un día de primavera. Luego irían al Yakuza a comer sushi pizza venezolano.
A Kakamoto limonchupao no le gustó que hubiera un local cualquiera con el nombre del grupo mafioso tan temido. Así, cuando ella salía del local con su amado, todos los desafortunados comedores de sushi de ese día recibieron múltiples impactos de metralla.