Su dia transcurria en relativa normalidad a excepción de que a veces se le hacía difícil llevar el ritmo de todas las cosas que hacía. Desde hace tiempo tenía la sensación de estarle doblando la mano a su destino, de escapar de alguna manera al sistema humano, de conseguir una libertad secreta y personal, a salvo de las doctrinas, de las miradas, de los porquéses, de los padres, y los amigos. Y se sentía entusiasmado de estarlo logrando.
Sin embargo aquel día lo notó por primera vez, cuando sus manos no le respondieron. Percibió que en cada sorbo de agua, en cada respiro, en cada beso, en cada cigarrillo, en cada café de la máquina, en cada almuerzo, en cada viaje en metro, se escondía un mal dirigido a él. Recordó sus afecciones a las que no había querido prestar mayor antención pero que habían ido en aumento con el paso del tiempo: sus problemas digestivos, su debilidad en tobillos y muñecas y su cansancio permanente. Y comprendió que con el paso de cada día su organismo se deterioraba aún más, a pesar de su lucha por sobreponerse. Sus músculos se adelgazaban, su ánimo disminuía, su columna se torcía, se volvía torpe, su mente disvariaba, como si un enemigo invisible fuera bombardeándolo sistemáticamente.
Descubrió por fin que no los estaba engañando a ellos, sino al contrario.
1 comentario:
Pasaba a saludarte y aproveché de leerte un rato....
Cariños
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