
Marcelo ya está acostumbrado a la rutina. El guardia viene exactamente cada un minuto y lo golpea, en la cabeza, en las piernas, en la espalda y en el cuello y luego lo insulta. De vez en cuando le lanza alguna golosina o fruta después de terminar, que Marcelo devora con entusiasmo a pesar de los golpes.
Marcelo no recuerda cómo llegó ahí, sólo tiene algunas pistas, algunos recuerdos difusos que no puede conectar. Su pieza tiene una ventana pequeña que da a un patio de tierra limitado por murallas altas. Cada vez que el guardia llega Marcelo trata de conversar con él, de que le explique el porqué están ellos ahí, porqué lo golpean cada un minuto, qué significa ese lugar. Pero el guardia se muestra reservado, invulnerable y escuetamente responde brevemente a veces con otras preguntas.
- Guardia, porqué me golpeas?
- Acaso no lo sabes? - responde el guardia
- No lo se, te suplico que me digas.
- No te diré lo que ya sabes.
Y se marcha, y en un minuto regresa y otra vez los golpes.
Marcelo intenta recopilar información, con preguntas que pudieran extraer información del guardia.
- ¿Qué hay afuera de estas paredes? - le pregunta
- Nada que nos interese
- ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
- ¿Cuánto tiempo vivirás?
- ¿Quienes son tus jefes?
- Tal vez un día los conozcas
- ¿Hay otros como yo?
- Sólo tú.
- ¿Tengo algún derecho en este lugar?
- Son limitados, y no puedo decirte cuáles son.
- ¿Puédo hacer una llamada telefónica?
- Sólo una.
- Quiero llamar al administrador de este lugar - dijo Marcelo
- Si es tu deseo te llevaré, pero te advierto que debes ser muy cuidadoso con las preguntas que hagas ya que sólo se admite hablar con el administrador una vez en la vida.
Por primera vez en mucho tiempo Marcelo salió de su habitación y fue conducido por un pasillo largo y angosto, donde apenas cabía de frente y donde el guardia debía caminar de costado a causa de sus anchos hombros. Las paredes estaban adornadas por dibujos de princesas y caballeros matando dragones, también habían varias puertas diminutas, de unos 80 cm de altura, a ambos costados del pasillo.
El pasillo conducía a un gran salón donde mucha gente bebía y conversaba alegremente. Cuando llegaron, la gente dejó de conversar y beber y comenzó a murmurar. Marcelo iba totalmente desnudo, con el cuerpo todo magullado por golpes antiguos y recientes.
Todo le parecía familiar, las caras, las risas, las voces, el olor de aquel lugar e intentó asociar esas sensaciones con recuerdos pero sin éxito. Llegaron al teléfono, era un aparato antiguo. El guardia marcó un número de 2 dígitos y le pasó el auricular a Marcelo.
- Habla usted con el administrador y sólo puede hacerme 2 preguntas.
Marcelo se inquietó, no sabía que sólo tenía dos preguntas, pensó en las muchas interrogantes que tenía todo el tiempo, que sin embargo podrían traducirse en sólo una pregunta
- ¿Podría usted decirme cómo llegué aquí?
Un dia te vimos pasar por aquel camino, ibas acompañado por quienes parecían tu familia, amigos y una novia. Reían y cantaban, iban abrazados y te veías inmensamente feliz. De pronto algo ocurrió, no sabemos qué, y ellos te empujaron, te golpearon hasta casi matarte y te dejaron abandonado en esa sanja de donde te recojimos.
- ¿Porqué me golpean?
- Si no te golpeáramos morirías.
Marcelo no recuerda cómo llegó ahí, sólo tiene algunas pistas, algunos recuerdos difusos que no puede conectar. Su pieza tiene una ventana pequeña que da a un patio de tierra limitado por murallas altas. Cada vez que el guardia llega Marcelo trata de conversar con él, de que le explique el porqué están ellos ahí, porqué lo golpean cada un minuto, qué significa ese lugar. Pero el guardia se muestra reservado, invulnerable y escuetamente responde brevemente a veces con otras preguntas.
- Guardia, porqué me golpeas?
- Acaso no lo sabes? - responde el guardia
- No lo se, te suplico que me digas.
- No te diré lo que ya sabes.
Y se marcha, y en un minuto regresa y otra vez los golpes.
Marcelo intenta recopilar información, con preguntas que pudieran extraer información del guardia.
- ¿Qué hay afuera de estas paredes? - le pregunta
- Nada que nos interese
- ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
- ¿Cuánto tiempo vivirás?
- ¿Quienes son tus jefes?
- Tal vez un día los conozcas
- ¿Hay otros como yo?
- Sólo tú.
- ¿Tengo algún derecho en este lugar?
- Son limitados, y no puedo decirte cuáles son.
- ¿Puédo hacer una llamada telefónica?
- Sólo una.
- Quiero llamar al administrador de este lugar - dijo Marcelo
- Si es tu deseo te llevaré, pero te advierto que debes ser muy cuidadoso con las preguntas que hagas ya que sólo se admite hablar con el administrador una vez en la vida.
Por primera vez en mucho tiempo Marcelo salió de su habitación y fue conducido por un pasillo largo y angosto, donde apenas cabía de frente y donde el guardia debía caminar de costado a causa de sus anchos hombros. Las paredes estaban adornadas por dibujos de princesas y caballeros matando dragones, también habían varias puertas diminutas, de unos 80 cm de altura, a ambos costados del pasillo.
El pasillo conducía a un gran salón donde mucha gente bebía y conversaba alegremente. Cuando llegaron, la gente dejó de conversar y beber y comenzó a murmurar. Marcelo iba totalmente desnudo, con el cuerpo todo magullado por golpes antiguos y recientes.
Todo le parecía familiar, las caras, las risas, las voces, el olor de aquel lugar e intentó asociar esas sensaciones con recuerdos pero sin éxito. Llegaron al teléfono, era un aparato antiguo. El guardia marcó un número de 2 dígitos y le pasó el auricular a Marcelo.
- Habla usted con el administrador y sólo puede hacerme 2 preguntas.
Marcelo se inquietó, no sabía que sólo tenía dos preguntas, pensó en las muchas interrogantes que tenía todo el tiempo, que sin embargo podrían traducirse en sólo una pregunta
- ¿Podría usted decirme cómo llegué aquí?
Un dia te vimos pasar por aquel camino, ibas acompañado por quienes parecían tu familia, amigos y una novia. Reían y cantaban, iban abrazados y te veías inmensamente feliz. De pronto algo ocurrió, no sabemos qué, y ellos te empujaron, te golpearon hasta casi matarte y te dejaron abandonado en esa sanja de donde te recojimos.
- ¿Porqué me golpean?
- Si no te golpeáramos morirías.
1 comentario:
me encanta!
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